El emperador con horario y traje nuevo

Comienza el curso y los profes ya tenemos nuestros horarios. Este curso soy mucho más crítica: porque soy madre de hijo escolarizado, porque me preocupa el estado lamentable de nuestro sistema educativo, el desgaste al que se ve sometida la educación pública y porque me han bajado el sueldo.

Estos temas de los horarios son tabú: todos callamos y como en “El traje nuevo del Emperador” damos por bueno un sistema perverso que  da lugar a una serie de paradojas. Son situaciones comunes, aceptadas por todos, pero peligrosas en sus consecuencias.

Comienzo. Al que no da clase o da menos clases, se le premia: no da clase y encima recibe un complemento, esto es, más pasta. Y además recibe  puntos, para concursos y demás. Por lo que, el que no quiere dar clase, suele luchar por conseguir una reducción horaria por la vía de jefaturas de departamento variadas, véase actividades extraescolares, ¡me “mondo”!, equipos directivos o apoyos diversos, de lo más imaginativo y encima, cobra más. La normativa deja muchos agujeritos por los que colar horitas sin clase.

Los grupos conflictivos cuya docencia es más complicada se adjudican a profesores inexpertos o recién llegados, también a aquellos que cobran menos: normalmente suele coincidir. ¿No deberían adjudicarse a los más experimentados y además tener un incentivo de algún tipo?. No. Los departamentos se reúnen, se reparten los grupos y si no se ponen de acuerdo “hacen rueda” y eligen;  bueno, esto último no siempre: muchas veces el que va a dar a esos grupos, ni siquiera está.

Los profesores que no dan clase y que han luchado con uñas y dientes para no hacerlo, incluso teniendo que rebajarse a realizar tareas burocráticas, ejercen su control sobre los que realizan la tarea prioritaria, que es dar clase.

La Comunidad de Madrid subió el sueldo hace unos años a los directores, y consideró que para dignificar su profesión, lo primero era subirles el sueldo. Este año las instrucciones de principio de curso (4.3.6), aumentan el número de horas sin docencia a repartir entre los miembros del equipo directivo, pero los horarios de los profesores están a tope y las aulas llenas a rebosar. Los políticos de todos los colores repiten que hay que dignificar el trabajo del profesor, pero tal dignificación se ha olvidado al aplicar la bajada de sueldo a los funcionarios, entre los que nos encontramos, los de la pública, eso sí: los de la concertada, a pesar de estar pagados con dinero público, no han sufrido la rebaja . Así que, paradógicamente, este curso los profes tienen horarios con más horas de docencia directa cobrando menos. No así los equipos directivos, si consideramos la subida de sueldo en los últimos 5 años.

¿Alguien oye hablar de criterios pedagógicos a la hora de elaborar horarios?. Hace tiempo que ni lo escucho ni lo veo, no sé si andará escrito por alguno de esos documentos de contenido inexpugnable. Seguro que en muchos centros se hace, pero no parece que pase nada si no se hace.  Grupos conflictivos con asignaturas (sí, asignaturas: la mayor parte de los padres no entienden qué es un área, una materia o un módulo) ” áridas” a última hora, por ejemplo, es algo muy habitual. Que se lo digan a los profes de FOL  en los grados medios a última hora: ¡pá verlo!.

Este año nos echamos las manos a la cabeza porque las Instrucciones recogen que los profes que liberamos horas de docencia directa el último trimestre  (porque los alumnos se van a las empresas a hacer las prácticas) podemos tener hasta 21 horas lectivas: lectivas, que no de docencia directa. Todos sabemos que durante esas horas, podemos hacer mucho, o no hacer nada: incluso podemos permanecer en el centro esas horas haciendo que hago el inventario, lo que es lo mismo que no hacer nada. Normalmente esas horas las disfrutan los profesores más antiguos o incluso, como es muy habitual en nuestro caso, profesores de otros departamentos. Yo he visto a un Jefe de Estudios del turno vespertino,  de otro departamento, dando clases de una asignatura de mi departamento a un grupo de 2º de Grado Superior, la crème de la crème, quedándose sin lectivas en Marzo. ¿Quién controlaba lo que hacía este profesor? ¿Cumplía con lo programado? ¿Qué hacía el resto del curso durante esas horas? No acudió a ninguna de las 3 reuniones de departamento que hicimos durante ese curso.
Por supuesto, el uso de nuevas metodologías o la incorporación de las TIC no tiene ninguna compensación horaria. Por lo que los profes de nuestros hijos tendrán menos  tiempo y sobre todo menos ganas de mejorar el proceso de enseñanza-aprendizaje. Los incentivos siguen siendo los mismos: ninguno, a excepción de su propia motivación. Las consecuencias son inconmensurables, pero si la productividad española dismunuye no debe extrañarnos . Por ejemplo, en mi caso,  este año, con tanto lío de grupos y módulos, además son grupos numerosos, podría optar por dictar unos muy buenos apuntes a todos ellos, con lo que sólo sufriría la voz. Sería una solución, y sé que algunos profes aún lo hacen. Seguiría cobrando lo mismo y seguramente a nadie le importaría lo más mínimo: los primeros, los alumnos, que vienen acostumbrados a hacerlo. No lo haré:  me pongo colorada cuando dicto algo y además Gutenberg ya nos solucionó el problema hace años. Buscando más soluciones, se me ocurre el libro de texto, las actividades del final… Es también una solución: y si me digitalizas el libro y lo proyecto, ya ni te cuento lo chulo que queda. Tiempo para pensar, para  planificar actividades que se adapten a las características de cada grupo para fomentar el autoaprendizaje y el espíritu crítico y sobre todo tiempo para el seguimiento del trabajo de 6 grupos, tres asignaturas distintas, unas veces a grados medios y otras a grados superiores, de distintas familias profesionales,  utilizando nueva metodología, no me queda.

Como profesora y  madre, todo esto me preocupa. Me gustaría que los horarios se hicieran priorizando las necesidades de los alumnos, motivando y facilitando el trabajo de los profesores, permitiéndoles trabajar en condiciones óptimas, con grupos de pocos alumnos ;  me gustaría que los profesores más experimentados se hicieran cargo del alumnado más problemático, y que se les recompensara por su trabajo. Que aquellos que sufren en el aula, puedan dejarla, ejerciendo otras funciones, pero no premiándoles por ello. Y que aquellos profesores que hacen su trabajo dignamente, tengan el apoyo de la administración para realizarlo bajo las mejores circunstancias y con los máximos incentivos.

Nota del 25/09/2010:  Mª Eugenia Garcia, desde Andalucía, comenta que allí sí han sufrido el tijeretazo los profes de la concertada.

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